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Trecenario de San Francisco de Paula (o Trecena o Trece viernes)

Devoción ligada a la figura de San Francisco de Paula que se practica durante trece viernes consecutivos. Su origen es discutible. La versión más propagada es la que afirma que procede del mismo San Francisco quien, según un supuesto manuscrito que el Padre Buenaventura de Martina decía se conservaba en el archivo conventual de Toulouse, la habría instituido con estas palabras: "Por trece viernes consecutivos confesaréis vuestras culpas y recibiréis el Santísimo Sacramento del altar en la Misa que mandaréis celebrar u oiréis, por la gracia que habéis menester. Rezaréis durante la Misa trece Padrenuestros y trece Avemarías a honra y reverencia de Jesucristo Crucificado y de los doce Apóstoles Al mismo tiempo haréis arder dos velas de cera en señal de las dos virtudes: Fe y Esperanza, y otra la tendréis encendida en la mano como protestación de la Caridad con que debéis amar a Dios y pedirle las gracias. De esta manera Nuestro Señor os concederá el cumplimiento de vuestros justos deseos." Otra versión incluye el Credo en el rezo. En las ediciones modernas del Trecenario se sigue afirmando este origen, aunque las palabras de San Francisco se reducen o "actualizan" omitiendo lo de hacer celebrar la Misa y todo el ritual relativo a las velas.  Con posterioridad hay especificaciones diversas. Así, si se interrumpe por uno o dos viernes, puede continuarse, pero si la interrupción es mayor, ha de empezarse de nuevo. Además, se estableció de qué debían decirse las misas cada viernes, según esta sucesión: Nacimiento de Cristo, Circuncisión, Epifanía, Domingo infraoctava Epifanía, Domingo de Septúagésima, Domingo primero de Cuaresma, Pasión de Cristo, Espíritu Santo, Santa Ana, Nuestra Señora, San Juan Bautisa, Almas del Purgatorio, San Francisco de Paula (además, en todas ellas, menos en las dos últimas, convenía hacer conmemoración de San Francisco de Paula); si algún viernes caía en Santo doble, la misa sería del día con conmemoración de la correspondiente en el trecenario.

Las fuentes más antiguas, como Montoya, ven el origen en la devoción del Santo a la Pasión de Cristo. Por ello, los viernes eran días, para el Santo,  de mayor recogimiento, oración, ayuno, comunión, exhortaciones de mayor espíritu, más milagros y gracias. Algunos indican que fue en viernes cuando recibió el Charitas de San Miguel. Añádase que murió en viernes y que, para redondear matemáticamente el tema, 13 semanas equivalen a 91 días, siendo 91 los años que vivió San Francisco de Paula en este mundo. Montoya dice claramente que San Francisco de Paula no ordenó la devoción en el modo en que se hace, sino que ello fue disposición de los "Padres más antiguos y piadosos de la Orden". Por añadidura, las primeras prácticas que señala de la devoción original son las gracias obtenidas por dos mujeres con posterioridad a la muerte de San Francisco (una viuda de Milazzo que obtiene éxito en un pleito que le era desfavorable, gracias a la promesa de acudir descalza 13 viernes a la iglesia conventual y hacer decir 13 misas; una mujer con el marido preso en Constantinopla que obtiene su regreso después de una devoción efectuada de manera similar).

Andando el tiempo, se produce un desplazamiento y el trecenario, devoción ligada también en buena parte a la difusión de lo terciarios mínimos, en lugar de honrar al Cristo Paciente y a los 12 apóstoles, pasa a ser devoción a San Francisco de Paula, a pedir su patrocinio y a propagar la ejemplaridad de sus virtudes. Los mínimos ofrecerán formularios de meditación para acompañar y finalmente substituir a la práctica primera. Algunos, como Mestayer, conservarán todavía la centralidad cristológica, proponiendo para cada viernes un tema relativo a la Pasión: Amor de Jesucristo al instituir la Eucaristía, Amor de Jesucristo por los sufrimientos, Conformidad voluntad de Jesucristo a las órdenes del Padre, Jesucristo en el Huerto de lo Olivos, Dulzura de Jesucristo hacia sus enemigos, Jesucristo abandonado por los discípulos, Paciencia de Jesucristo ante los Tribunales, Flagelación de Jesucristo, Execrable preferencia de Barrabás a Jesucristo, Jesucristo coronado de espinas, Jesucristo en la Cruz a quien se ofrece hiel y vinagre,  Humillaciones de Jesucristo, Jesucristo expira en la Cruz. Pero otros como Bertin, Pavez y Giry orientan la consideración hacia las virtudes admirables de Francisco de Paula imitador del Redentor:

BERTIN  PAVEZ GIRY
Amor a Dios Fe Fe
Amor a Jesús Crucificado Amor a Dios Confianza en Dios
Amor a Jesús Sacramentado Amor al prójimo Amor a Dios
Amor a la Madre de Dios Amor a Jesús Crucificado Amor al prójimo
Obediencia a los Superiores Devoción al Santísimo Sacramento Humildad
Celo por la salvación de las almas Amor a la Virgen María Paciencia
Compasión por los afligidos Castidad Mansedumbre
Dulzura hacia los enemigos Dulzura Pobreza de espíritu
Humildad Humildad Abstinencia y sobriedad
Mortificación Paciencia Castidad
Pobreza Penitencia y mortificación Recogimiento interior
Pureza Rigurosas austeridades Devoción
Perseverancia Perseverancia Perseverancia
     

Lo indicado es sólo a título de ejemplo y las virtudes en las diversas ediciones de la devoción que se imprimirán allí donde la devoción al Patriarca de los Mínimos llegue pueden sufrir variaciones en su distribución dentro de los viernes sucesivos o en su formulación. Un trecenario impreso en 1902 introduce, en substitución de otras virtudes, la esperanza y la oración. La orientación que durante el siglo XX tendrá más éxito será la que, procedente de Italia y con autoría de Roberti, propone las siguientes virtudes de San Francico de Paula por este orden: Humildad, Mortificación, Amor a Dios, Amor al prójimo, Amor al Crucifijo, Amor al S.Sacramento, Devoción a la Virgen, Obediencia, Castidad, Pobreza, Mansedumbre, Paciencia, Perseverancia. Tras el Concilio Vaticano II, la Orden editó un trecenario que recogía dos formas de práctica; una, la tradicional, en la que en cada uno de los 13 Padrenuestros y Avemarías se vinculaba una acción del Santo demostrativa de la práctica de la virtud correspondiente; otra,  que, en la recuperada sensibilidad por la Palabra de Dios, constituye cada viernes una especial Celebración de la Palabra (a la que se une la adoración eucarística), añadiendo a la Palabra propiamente dicha la consideración de la virtud del Santo extrayéndola de sus escritos, de su vida o de otras fuentes. Ya en el siglo XXI, no han faltado mínimos que han querido renovar a su manera el trecenario. Así, el publicado por Morosini en 2006, reuniendo el mismo viernes bajo el enunciado Amor a Jesús lo que eran el Amor a Crucificado y al Sacramentado y eliminando la paciencia, ha introducido dos nuevas consideraciones: San Francisco y la Paz, San Francisco y la Familia. En el 2011 el trecenario preparado por Crupi ha ampliado notablemente esta renovación y San Francisco de Paula se nos presenta sucesivamente como: vinculado al misterio de la Encarnación, Imitador del Redentor, Viandante y peregrino, Amador de Dios, Amador del prójimo, Adorador de la Eucaristía, Hijo devoto de María, Puro de corazón, Pobre de Yahvé, Hombre manso, vinculado a la Familia, Hombre de paz, Perseverante en el bien.

La práctica del Trecenario se ha visto acompañada de numerosas concesiones de indulgencias por parte de la Santa Sede. Entre las últimas concesiones hay que mencionar el Breve Quemadmodum de Pío XI de 8 de diciembre de 1928.